Museo de la Basílica de Santa Sofía

Şubat 1, 2011 Por  
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Por Serhan Kocaman

El casco antiguo de la ciudad de Estambul es el lugar donde se encuentran la mayor parte de los grandes monumentos históricos. Entre ellos el más antiguo es el Obelisco de Teodosio, que pertenecía a un templo egipcio, fue erigido en el año 1547 a.C. para conmemorar las victorias de Tutmosis III., uno de los faraones egipcios más poderosos de su historia misteriosa. Erigirlo en el hipódromo en el año 390 d.C. trasladándolo desde Karnak es una señal del poder del emperador Teodosio I. * [1]



 
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Pocas son las personas que entran en Santa Sofía, siendo conscientes de que se van a encontrar con un edificio de 1472 años de antigüedad. Desde entonces se yergue el monumento más majestuoso en el corazón de la antigua Constantinopla. Cuando la construyeron no existía la Catedral de Sevilla, el Duomo de Milán, ni San Pablo de Londres ni San Pedro del Vaticano. Hasta ese momento el templo más grandioso del mundo era el de Salomón. Con ella Justiniano * [2] intentó otorgar a su ciudad la grandeza de la Roma Occidental que acabó en 476.

En realidad, la Santa Sofía que vemos hoy día es la tercera, porque la primera, construida por Constancio (hijo de Constantino El Grande) era de madera, y fue consagrada en el año 360, incendiándose en el 404 y reconstruida en el 415 por segunda vez. Esa segunda Santa Sofía fue destruida por los rebeldes de la Revuelta de Niká * [3] que se inició por una discusión entre dos grupos principales, Verdes y Azules. * [4] Eran muy comunes las discusiones entre los dos grupos antes dichos, la plebe y los nobles, más que los blancos y rojos, pero en esta ocasión, los verdes y azules se juntaron contra Justiniano y su mujer Teodora.

Justiniano, tras solucionar el desafío contra su autoridad, tenía que hacer algo para recuperar la imagen dañada y dar una lección a los futuros enemigos, enseñando su riqueza y su poder de una forma digna reconstruyendo por tercera vez Santa Sofía como una maravilla del mundo, aún sabiendo que tenía como rival al Templo de Salomón en Jerusalén. Seis semanas más tarde se iniciaron las obras de reconstrucción de la basílica por tercera vez, que prosiguieron durante cinco años, once meses y diez días, hasta ser consagrada el 26 de diciembre del año 537. Según Procopio de Cesárea, el mayor cronista de la época, para la realización, Justiniano se dirigió a dos arquitectos: el lidio Antemio de Tralles y el jonio Isidoro de Mileto, con conocimientos en estática y cinética y versados en matemáticas. Antemio era el teórico e Isidoro el técnico. Procopio afirmó que Justiniano exclamó en la inauguración “¡ Oh Salomón te vencí !” al ver tanta magnificencia de su obra maestra. Para poder realizar la obra, Justiniano envió a sus soldados a cuatro esquinas del imperio, en busca de los materiales más preciosos, utilizando antiguos templos paganos como cantera de piedra y trasladándolos continuamente a Constantinopla.

Cubrieron el edificio, de planta casi cuadrada, con una cúpula central sobre pechinas. Ésta reposa sobre cuatro arcos, sostenidos a su vez por cuatro columnas. Dos semicúpulas hacen de contrafuerte de la cúpula central y los muros abiertos están asegurados por contrafuertes. Para soportar la galería de arriba utilizaron las columnas verdes procedentes del Templo de Artemisa de Éfeso, considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo, adornando con los capiteles que llevan firmas de Justiniano y su mujer Teodora. Revistieron las paredes con lozas de marmoles y los mosaicos preciosos. En la cúpula central pusieron la imagen del Pantocrátor, Todopoderoso. La figura de Jesús, siempre en la misma actitud: con la mano diestra levantada para impartir la bendición y sujetando en la izquierda los Evangelios o las Sagradas Escrituras. En la semicúpula del ábside se encuentra la imagen de Santa María Theotokos Pammakaristos, Beata Madre de Dios.

Otras imágenes interesantes son las de los querubines en las pechinas. Según la teología cristiana, un querubín es un tipo de ángel con alas, y se consideran los guardianes de la gloria de Dios. Pechina, en arquitectura, es cada uno de los elementos constructivos triangulares que resuelve el encuentro entre la base circular de una cúpula y un espacio inferior cuadrado. Según la iconografía bizantina, en las pechinas se ponen imágenes o atributos de cuatro evangelistas. Mateo: hombre, Marcos: león, Lucas: toro y Juan: águila. Entonces, se nos ocurre la pregunta “¿por qué razón pusieron imágenes de querubines en lugar de los evangelistas?” La respuesta es que aunque Isidoro y Antemio eran genios no pudieron calcular bien las cuentas de estática del peso de una cúpula central tan grande y que ni siquiera era tan circular, ya que las medidas oscilaban entre 30,86 a 31,87 metros de diámetros mientras la nave central media 79,30 x 69,50 metros. A parte de eso, hubo movimientos en el edificio. Así que en cada terremoto o movimiento sísmico, se derrumbaba la cúpula central de la basílica, por lo que las dos semicúpulas no eran capaces de soportar tanto peso. Intentaron solucionar el problema de los derrumbes utilizando ladrillos de toba, piedra porosa volcánica proveniente de la isla de Rodas que era quince veces más ligera que una normal y corriente y, aunque así era, no pudieron solucionar problema hasta la era otomana. Sinan El Grande, arquitecto imperial contratado para solucionar el problema de la estática, puso en varios sitios cristales entre los ladrillos para controlar el movimiento del edificio, cuando se rompían los cristales sabía que allí había un problema de estática, por lo que pudo darse cuenta de que necesitaba poner unos enormes contrafuertes por fuera para poder sostener la estructura. Hoy día ver los sensores electrónicos en lugar de los cristales rotos es sorprendente para entender el genio de Sinan El Grande, creando unas cuantas innovaciones arquitectónicas radicales.

Es poco posible que alguien haya visto Santa Sofía sin andamios. Hay algún turista inconsciente que le echa la culpa a la falta de mantenimiento. La mayoría de gente que la visita opina que Santa Sofía, dedicada a la tercera persona de la Trinidad, la Divina Sabiduría, es una de las obras más sublimes del arte bizantino, una de las mayores joyas de toda la humanidad en la que su majestuosidad está en el interior. Su arquitectura es eminentemente espacial, aunque el efecto exterior ha sido significativamente modificado por los otomanos, que lo enriquecieron con minaretes, espolones y grandes contrafuertes.

En occidente hablan de la “caída” de Constantinopla como un acontecimiento terrible, mientras los turcos prefieren llamarla “conquista” y consideran que es el fin de la Edad Medieval y el comienzo de una Edad Nueva, como una etapa importante de la historia de la humanidad. Para Constantinopla el verdadero desastre no fue la entrada de los turcos, sino el saqueo que llevaron a cabo las cruzadas en 1204 y que dominaron hasta 1261 convirtiendo la ciudad en ruinas. Recuerden los cuatro caballos de bronce de la Catedral de San Marco en Venecia, que fueron parte del botín. Saquearon las placas de latón que cubría La Columna de Constantino Porfirogeneto pensando que eran de oro para producir monedas para pagar el sueldo de los soldados. Con la misma idea saquearon también las piezas que se hallaban en los mosaicos que cubrían las paredes de Santa Sofía porque eran de pan de oro y se parecían mucho al metal. Los soldados italianos y los franceses católicos que formaban parte de las cruzadas trataron bastante mal a Santa Sofía incluso atando sus caballos en ella considerándola como un establo. Uno de las protagonistas de ese periodo era el duque veneciano Enrique Dándolo, que murió el 1º de junio de 1205 en Constantinopla; concretamente fue enterrado en la galería superior de Santa Sofía justo frente de un panel mosaico que se llama Déesis, y que es una escena del Juicio Final. En el centro, Jesús esta con la postura de bendecir con la mano derecha mientras con la izquierda toma las sagradas escrituras donde pone “Soy la luz de la humanidad, los que no me sigan quedarán en la oscuridad”. En ambos lados hay dos personas, una es su madre, la otra es su primo, San Juan Bautista, y ambos tienen sus rostros mirando a Jesús Cristo con sus manos en posición de súplica en nombre de la humanidad.

Tras recuperar la ciudad después de cincuenta y siete años, los bizantinos encontraron Santa Sofía en ruinas igual que el palacio. Santa Sofía era la Catedral de la ciudad y además, El Omphalion estaba ahí. “El Omphalion” es un grupo de lozas de mármol circular y que era el lugar donde los emperadores romanos subían al trono para coronar, además de donde se sentaba el emperador para participar en ceremonias religiosas. Por ello los Bizantinos tuvieron que construir un palacio y buscar otra catedral, La Iglesia de San Salvador en Cora ampliando su tamaño y construyeron El Palacio de Tekfur al lado.

En la entrada de la puerta que se utilizaba como entrada a la mezquita se encuentra una inscripción de un dicho de Mahoma, profeta de los musulmanes: “Un día Constantinopla será conquistada. Qué hermoso su conquistador, y que hermoso el soldado del conquistador.”

Conquistar la ciudad y convertir Santa Sofía en la mezquita era el sueño del joven Sultan Mehmet II. Para merecer el elogio del profeta. Entonces nada más tomar la ciudad en 1453, ordenó que arreglaran el edificio y la convirtió en mezquita sin apenas tocarla y con la adición de los elementos arquitectónicos como el alminar y el pulpito. Aunque ha habido muchas mezquitas imperiales ninguna ha podido superar la importancia sentimental de la Mezquita de Ayasofya. Los sultanes que no tenían su mezquita se enterraron en los mausoleos que se hallan en el jardín. Y cada Sultan regaló algún obsequio para esta obra maestra: uno añadió sus minaretes, otro el palco imperial, uno un Sadirvan donde los fieles hicieron sus abluciones, otro una biblioteca, en fin según el gusto o necesidad así hicieron. Los sultanes y Gran Visires convirtieron algunas iglesias bizantinas abandonadas en mezquitas. Por la ley del Coran en el lugar donde hay imágenes no se podía rezar para no imitar a los paganos, por lo que ellos, para que no desapareciesen las imágenes decidieron pintarlas con una capa de yeso, y las que estaban en cúpulas las taparon con maderas, para poder seguir así rezando en dichos lugares.

En el siglo XIX Santa Sofía pasó por una importante restauración que fue encargada por el Sultán Abdulmecid a los hermanos ítalo-suizos Fossati, arquitectos que consolidaron las bóvedas y la cúpula dañadas durante siglos por los numerosos terremotos que sufre esta hermosa ciudad. También añadieron algunos elementos fundamentales de la actual decoración interior, como los ocho tondos caligráficos. Además se decoró su gran cúpula de 56 metros de alto con inscripciones coránicas.

En 1935 Mustafa Kemal Atatürk, fundador de la República Turca, inauguró Santa Sofía secularizándola y convirtiéndola en un museo abierto a todos tras pasar otra restauración para sacar a la luz fragmentos que quedaban debajo de la capa de yeso para que fueran de nuevo visibles. Desde 1993 se está llevando a cabo una última e importante restauración auspiciada por la UNESCO para recuperar algunos mosaicos figurativos que permanecían enyesados, pinturas dañadas por la humedad así como los deteriorados tejados de plomo.

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Santa Sofía merece una visita sin prisas, como el Palacio de Topkapi. Destacan en su visita los mosaicos bizantinos, la enorme cúpula con sus ventanas, las tallas bizantinas muy trepanadas de los capiteles, la columna que se cree que llora (donde puede seguir la tradición haciendo la cola e introducir su pulgar en el agujero girando la mano, ya que, según la creencia, da buena suerte porque se cree que desde ese punto un santo de los musulmanes en el día de la inauguración de la mezquita tomó Santa Sofía girando hacía la dirección de Kaaba), los enormes medallones con inscripciones árabes cuyas medidas son mayores que la puerta más grande de la nave central, el mosaico, el de Justiniano y Constantino con la Virgen, Constantino ofreciendo la maqueta de Constantinopla mientras Justiniano ofrece la de Santa Sofía.

Luego se puede dedicar un rato en busca de un azulejo donde aparece Kaaba, justo debajo de la semicupula del ábside, y el Mihrab, que indica la dirección de la Kaaba casi en la mitad del ábside, (por culpa de la falta de visibilidad de una estrella pusieron mal la dirección, las iglesias ortodoxas miran hacia Anatoli, levante, mientras el ábside de Santa Sofía mira más hacia La Kaaba). El precioso minbar , pulpito donde se subían los imanes para los discursos religiosos de los viernes, el palco imperial donde rezaron los sultanes otomanos, el palco de almuédano y la biblioteca de Sultan Mahmud y un largo etc. A veces no es posible apreciarla en todo su esplendor debido a un enorme andamio que han colocado justo bajo la cúpula para realizar obras de restauración.

Para Saber Más

* [1] Flavio Teodosio o Teodosio El Grande, nacido en 347 en Hispania, (Itálica, Santiponce, Sevilla actual) casado con Aelia Flacila Augusta también hispana, tuvo dos hijos, Arcadio y Honorio y una hija, Aelia Pulquería. En 392 Teodosio reunió las porciones oriental y occidental del Imperio, siendo el último emperador en gobernar todo el mundo romano. Después de su muerte en 395, las dos partes del Imperio se separaron definitivamente entre sus dos hijos. Arcadio fue su heredero en Oriente y Honorio en Occidente. El Imperio Romano Occidental sobrevivió poco, desde 395 hasta 476 en que fue terminado por los Hunos. El Imperio Romano Oriental, nombrado más tarde como Imperio Bizantino por el historiador alemán Hieronymus Wolf en su obra “Corpus Historiae Byzantinae” que data del 1557 pero que no se ha popularizado hasta el siglo XVII., por el escritor francés, Montesquieu para denominar al Imperio Romano Oriental que al principio comprendía la península balcánica, Asia Menor, Siria, Palestina y Egipto y últimamente solo marcaba sus fronteras con Constantinopla y por fin acabó como los turcos Otomanos.

* [2] Justiniano, entre otros poderosos emperadores romanos sobresale por su tiempo de dedicación a la religión, mientras durante su reino disfrutó la edad de oro. Fue, probablemente, el más religioso y practicante emperador romano de la historia. Éfeso era uno de sus lugares favoritos por su importancia religiosa y donde se hallaban huellas de San Pablo, San Juan y La Virgen María. Entre las obras construidas por Justiniano en Éfeso podemos contar un monumento en la mitad de la Vía Arcadia, en el que encima de cada cuatro columnas se encontraban estatuas de cuatro apóstoles; una iglesia en la cueva de los siete durmientes, protagonistas de una historia que se relata en la Biblia y otra iglesia encima de la colina de Ayasuluk donde estaba enterrado el apóstol San Juan.

* [3] La revuelta Niká estalló como fruto de una creciente tensión social en el año 532 destruyendo no sólo La Catedral Santa Sofía sino también la iglesia de Santa Irene, las termas de Zeuxippo y una parte del Palacio Imperial en cinco días. La revuelta tomó su nombre del grito lanzado por los rebeldes: «Niká», que significa “Victoria” en griego. Una intrascendente discusión sobre carreras de cuadrigas se transformó en un estallido popular sin precedentes que hizo tambalear el trono de Justiniano I., que durante la revuelta no osaba salir de su palacio, ya que sus guardias no eran seguros. Justiniano tuvo vergüenza de su debilidad y ordenó a Belisario, leal general suyo, regresar a Constantinopla desde otra batalla para tranquilizar la tensión, pero en lugar de eso, acabó provocando una masacre en la que mataron a más de treinta mil partidarios de los verdes y azules en el hipódromo. La Rebelión fue vencida, pero Santa Sofía quedó calcinada.

* [4] Los Verdes y Azules harían carreras de carruajes en el hipódromo, y en las que competían cuatro equipos que vestían de verde, rojo, azul y blanco representando los elementos, y apoyar a un equipo u otro significaba decantarse por una opción política determinada, el color verde simboliza la lealtad, la firmeza y la esperanza, el azul simboliza la sinceridad y nobleza de espíritu. En fin, verdes eran de la plebe, azules de los nobles.

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