Halil Şerif Paşa

Şubat 7, 2011 Por admin  
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Halil Şerif Paşa

Tal vez era uno de los personajes más colorados del imperio otomano en 1800 y merece la pena investigar sobre su vida y su personalidad estadista, diplomatico, amante y coleccionador de bellas artes. Se conoce en occidente como Khalil Bey. Nació en la mansión de Mehmet Ali Pacha de Kavala, Khediv o Virrey Otomano de Egipto, porque su padre el príncipe Mehmet Şerif Pacha era mano derecha del virrey. Debido a las ideas occidentales de Mehmet Pacha el joven Halil Şerif estudio en Paris como su hermano. Llevaba en las venas el amor por las bellas artes, desde su juventud. En sus constantes viajes a Paris compraba algunas obras de arte, cuadros que no tenían demasiada importancia. Más tarde aprendiendo en profundidad los detalles del arte, llego a inaugurar una exposición sobre Egipto en 1855.

En un viaje oficial del Imperio otomano a Paris necesitaron un traductor, no siento posible encontrar uno que tradujese como era necesario, le ofrecieron a él la traducción del texto, tras la traducción, gustándole mucho su nivel de conocimiento del francés le ofrecieron un puesto de embajador de Paris del imperio otomano durante el reino de Sultán Abdülmecid. Halil Şerif ha aceptado ese puesto sin pensar ni un minuto y trabajo como embajador del Imperio Otomano en Paris entre los años 1856 y 1861 siendo a la vez coleccionista de arte y comprando montón de cuadros de los artistas famosos.

En 1861 Sultán Abdülaziz subió al trono y lo enviaron a San Petersburgo, haciendo una amistad con el Tsar Alexander II. Apenas tres años después renunció a su puesto de embajador y volvió por echar mucho de menos Paris. Empezó a vivir en uno de los mejores barrios de Paris, entró en Jet Set de Paris su fama llegó hasta Estambul, nombrándole como “Sheriff El Coqueto”.

Ganaba muy bien, en su mansión era como protagonista de los cuentos de 1001 noche, no faltaba nada del exotismo del oriente, cada dos por tres regalaba obsequios preciosos a las mujeres, era un tipo demasiado generoso. Se cuenta que durante una cena, el anillo de diamante que llevaba puesto, se cayó al suelo la señora Marie Colombier que estaba al lado se inclino cogió del suelo y cuando intento devolverlo, el respondió: el anillo está en la mano tan bonita que da pena pedírselo.

A parte del arte, tenía dos vicios: juegos de azar y las mujeres. Al final se casó con Jeanne de Tourbe, mientras conoció a su ex novio, el escritor Marc Fournien y establecieron una amistad con él, Fournien presento a Halil Serif a su entorno intelectual, así conoció también a Gustava Courbet pintor francés y uno de los máximos representantes del romanticismo, empezando a interesarse por sus obras .Courbet como Halil Serif Pacha siempre mantuvo una relación compleja con la política. El interés por la pintura se volvió pasión, convirtiéndose en coleccionista de la pintura nudista.

El desnudo femenino fue uno de los mayores desafíos para Courbet, quien pinta sus primeros desnudos en los años 1840 entre ellas, la más famosa obra fue, El origen del Mundo, producida por petición de Halil Serif Pacha, no pudiendo ser expuesta ni en Francia hasta 1988, por su gran contenido obsceno.

A pesar de haberse destacado como paisajista, son sus desnudos los que a menudo han chocado, mostrando sin vergüenza ni el menor pretexto mitológico, su sólida anatomía. El caso más llamativo es su obra de 1866 “El Origen del mundo”. Ese cuadro no fue concebido para ser expuesto en galerías ni museos. Fue pintado por encargo del diplomático y coleccionista turco Khalil-Bey, quien le pidió que pintara “algo que nadie hubiera pintado antes”, algo absolutamente original e inédito. Por su naturaleza sexuada y cruda, Khalil-Bey lo escondía detrás de una cortina verde. Años más tarde, su nuevo propietario, Jacques Lacan, lo cubrió con otro cuadro corredizo de Masson. Hoy está expuesto en el Museo de Orsay de París, y es curioso ver cómo el público, 137 años después, se sigue escandalizando y pasa el cuadro de largo mirándolo sin detenerse.

Eugene Delacroix era otro artista que interesaba a Halil Serif Pacha ya había comprado seis obras de él, “El Asesinato del Obispo de Lieja” que había costado 40000 francos, incluyendo la última obra, el valor de la colección de Halil Serif Pacha llegaba a mil millones de dólares con los precios de hoy.

Entre sus obras se encontraban las mejores obras de los artistas más importantes de la época entre ellos podemos contar: Eugene Delacroix, Jean Auguste Dominique Ingres, Prosper Georges Antoine Marilhat, Ludolf Backhuysen, François Boucher, Jean Antoine Watteau, Jean Baptiste Camille Corot, Jean Desiré Gustav Courbet, Alexandre-Gabriel Decamps, JeanBaptiste Isabey, Henri Rousseau, Constant Troyon y entre ellos se encontraba Narciso Virgilio Díaz de la Peña un pintor francés de padres españoles.


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Su pasión de coleccionista de pinturas como obras de arte, juego de azar y las mujeres etc. el ritmo de la vida era demasiado alto y sus deudas se acumulaban, a pesar de que el valor de las obras de arte que tenia aumentaba. Empezó a contactar con los estadistas otomanos para pedir un puesto en Estambul.

En 1868 aceptaron la petición de Halil Serif Pacha con una condición ; no podría venir en Estambul con las pinturas de desnudos. Vendió toda la colección a un precio ridículo 638000 francos, que hoy día está valorada en mil millones de dólares. Utilizó la ayuda de la revista de L’artiste, los expertos decían que son obras de arte verdaderas, todas elegidas meticulosamente con un conocimiento profundo.

Al final de la subasta hizo una conversación dijo: La Vida es tan rara, las mujeres me engañaron, juego me arruinó, solo gracias a las pinturas gane mucho dinero, tenían que pasar muchos años para darme cuenta que si hubiese esperado hasta hoy, podría haber ganado mucho más dinero.

Tras vender sus cuadros en la subasta se fue a Estambul, trabajó poco tiempo como consejero del Grand Visir, primer ministro y desde ahí enviaron a Viena como embajador pero su mujer se negó a mudarse a Viena y volvió a Paris divorciándose. En 1872 volvió a Estambul y entró en el gobierno. En 1877 enviaron otra vez como embajador de Paris. Al cabo de dos años volvió otra vez a Estambul.

A lo largo de su carrera fue varias veces embajador, ministro del comercio exterior y ministro de justicia, en el día de una ceremonia oficial de Sultán Abdülhamid II. Murió por un golpe de calor tras esperar muchas horas bajo el sol.

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