Hela, Inodoro a la Turca
Mayıs 5, 2009 Por admin
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La taza turca (el inodoro de agujero en el suelo, como los que se tenían en España hace cuarenta años, se usa más en los servicios públicos por ser más higiénico. Generalmente están compuestos por dos piezas, la palangana y el sifón, colocados en un macizo de mampostería, que debe estar recubierto superiormente con una chapa homogénea y de una sola pieza de mármol, fundición esmaltada o material similar no poroso.

Retrete a la Turca
Los inodoros a la turca son igual que los Españoles, es decir una taza de WC, pero con un tubito que esta situado por dentro de la taza en la parte trasera, y que se utiliza para lavarse. Esto hace las veces del bidet europeo así se ahorra espacio en el baño. En Alemania ahora están produciendo para exportar a otros países europeos.

Algo de Historia
Los actuales artefactos son una solución práctica, estética y perfectamente funcional que, junto con realzar la simplicidad de líneas y formas, procuran facilitar la limpieza e higiene. Pero los primeros prototipos, lejos de ser de ser diseños perfectos, simplemente fueron una solución muy básica al problema.
Los actuales artefactos son una solución práctica, estética y perfectamente funcional que, junto con realzar la simplicidad de líneas y formas, procuran facilitar la limpieza e higiene. Pero los primeros prototipos, lejos de ser de ser diseños perfectos, simplemente fueron una solución muy básica al problema.Los atisbos iniciales se pudieron apreciar hace más de 4.000 años. Fueron los antiguos romanos los primeros en preocuparse por inventar un utensilio doméstico básico que reemplazara los rincones de las calles para fines sanitarios: el orinal (matula) que formaba parte del comedor de la casa romana.
Los cretenses usaron una especie de WC en el palacio real de Cnossos; tenía un estanque, una taza y un canal de desagüe, pero, como no contaban con redes adecuadas, los residuos simplemente iban a parar a las calles por las ventanas, aunque con algún aviso previo. Casas, calles y palacios simplemente apestaban.Esta situación no sufrió grandes variaciones durante mucho tiempo. Aunque algunos púdicos monarcas, como Luis XI, protegían su intimidad utilizando una “silla escretora” resguardada por cortinas, el primer verdadero paso por anexar cuartos de baño al interior de las casas, empezó con unos poco exitosos decretos que pretendían convencer a los ciudadanos de instalar letrinas en sus viviendas.
Franceses e ingleses buscaron nuevas soluciones basadas en la silla escretora.
En 1597 el poeta inglés John Harrington desarrolló el water-closet de válvula, que fue instalado en el palacio de Isabel I en Richmond. Sin embargo, la falta de desagües apropiados dejó su iniciativa en el olvido hasta el siglo XVIII.
Su compatriota, Thomas Crapper, tuvo la idea de instalar un estanque de 10 litros encima de la taza, el cual, accionado por medio de palancas, liberaba su contenido. Junto con esto, incorporó el sifón al diseño de la taza, lo que dejaba siempre en el fondo de ésta una pequeña cantidad de agua -relativamente limpia- que la mantenía aislada del conducto de bajada. Su “Water-Closet” (WC), el famoso inodoro, protegía por fin a la vivienda de emanaciones perniciosas y terminó por imponerse por toda Europa en el siglo XIX.
Pero la utilización de ríos y corrientes de agua como depositarios de los desechos, creó un problema sanitario importante, pues los convirtió en auténticas cloacas a cielo abierto. Recién durante el siglo XX se integró a la vida urbana el sistema privado de alcantarillado.














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