Guerras Entre el Imperio Bizantino y los Turcos Selyúcidas

Mayıs 5, 2009 Por admin  
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bizantinos

Guerras Entre el Imperio Bizantino y los Turcos Selyúcidas del Sultanato de Rum ( Anatolica ).

La batalla de Manzikert tiene lugar el 26 de agosto de 1071, en donde los turcos selyúcidas derrotaron absolutamente a las tropas bizantinas del basileus Romano IV Diógenes. Supuso el comienzo de la caída del Imperio Bizantino al abrir las puertas de Anatolia al empuje turco y la repoblación de numerosas zonas de Asia Menor.


 

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Fecha: 26 de agosto de 1071.
Lugar: Manzikert, Turquía.
Resultado: Victoria Selyúcida.
En Conflicto: Bizantinos y Turcos (selyúcidas).
Comandantes: Romano IV y Alp Arslan.
Soldados: 40.000 – 200.000 / 54.000 – 150.000.
Bajas: cerca de 2000 sin datos.

Antecedentes:

Desde el siglo VII con la pérdida de Siria y Egipto, el Imperio Bizantino estaba reducido esencialmente a dos regiones: los Balcanes y Anatolia (o Asia Menor), siendo esta última el principal granero y zona de reclutamiento del ejército bizantino. Durante la época de Basilio II se había consolidado el dominio en estas dos áreas, estableciendose una frontera oriental con el mundo musulmán que iba desde Antioquía hasta Armenia. La defensa de esta frontera estaba encargada a hombres libres reclutados en la región.

Con la crisis que siguió al fin de la dinastía macedonia, se produjo un enfrentamiento entre dos bandos, el de los militares y el de los funcionarios civiles. La llegada al trono de uno de estos, provocó la reducción en el número de efectivos y el desmantelamiento de parte de las defensas de la frontera este, que quedó abierta a las incursiones de los turcos selyúcidas, comandados por Alp Arslan, que conquistaron Armenia.

La subida al trono de Romano IV Diogenes, un militar, llevó a la organización de un ejército de 70.000 hombres para reconquistar el terreno perdido ante los turcos.

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La Batalla:

Solo la mitad del ejército bizantino estaba formado por soldados del país. El resto eran mercenarios turcos o normandos. De los soldados bizantinos, una parte estaba al mando de Andrónico Ducas, perteneciente a una familia rival al emperador.

Tras atravesar Anatolia y asegurar algunas fuertes por el camino, Romano envió al destacamento turco de avanzadilla mientras él seguía hacia Manzikert. No se sabe que fue de los mercenarios turcos, si fueron atacados o simplemente desertaron, pero no se volvió a saber de ellos.

En esta época existían fuertes tensiones en el Imperio Bizantino entre el partido militar y el civil, tensiones que se manifestaron en la falta de cohesión del ejército principal del imperio al intentar recuperar la ciudad de Manzikert.

El cuerpo principal fue acosado continuamente por los turcos selyúcidas utilizando una magistral táctica «de tenaza», lo que obligó al basileus a presentar lucha abierta el 26 de agosto de 1071. Durante la batalla, en la que Romano comandaba la vanguardia, los mercenarios normandos decidieron no intervenir, mientras que la retaguardia, dirigida por Andronico Ducas, se dio a la fuga y volvió a Bizancio, a apoyar los intereses de este último. La derrota fue total y el emperador fue rodeado y capturado por los selyúcidas.

Consecuencias:

En un principio, las consecuencias de la derrota de Manzikert no fueron dramáticas. El emperador derrotado convino con el sultán Alp Arslan un rescate, un tributo y ceder algunas plazas, con lo que le dejó en libertad.

Sin embargo a su vuelta Romano IV se encontró con que había sido depuesto. Fue apresado por los Ducas, cegado, torturado y abandonado a su suerte. El nuevo basileus quiso cumplir los compromisos del emperador depuesto, por lo que los selyúcidas se consideraron libres del tratado.

A partir de 1073 los selyúcidas comenzaron a invadir Anatolia, ya sin oposición. En pocos años habían formado un nuevo sultanato llamado de Rüm, esto es, de Roma (Bizancio) en pleno centro de la península. Los bizantinos solo pudieron conservar parte de las costas. El Imperio Bizantino había perdido la mitad de su tierra cultivable y de sus recursos humanos, y la nueva frontera era absolutamente indefendible. Por ello, los cronistas bizantinos siempre se refirieron a la batalla de Manzikert como aquel día terrible.

Así, la gran potencia militar que había sido durante siglos el Imperio Bizantino pasó a la defensiva, constituyendo aún una fuerza significativa hasta la batalla de Miriokefalyon, un siglo más tarde, no pudiendo garantizar por más tiempo la contención de las fuerzas del Islam. De este modo de explica la petición formulada por el emperador Alejo Comneno al papa en 1095 para que le enviara mercenarios que le permitieran reconquistar el terreno perdido, lo que daría origen a la Primera Cruzada.

Batalla de Myriokephalon.
Por Francisco Aguado.

Antecedentes:

Tras la batalla de Manzikert, (26 de Agosto de 1071) y después de un complejo proceso que ocupó alrededor de un siglo; la llanura central de Anatolia había cambiado sensiblemente su aspecto geográfico – económico – cultural. Los cultivos tradicionales habían casi desaparecido, en gran medida por la destrucción de la mayor parte de los antiguos sistemas de regadío; la población sedentaria se reducía viéndose sustituida por importantes masas de turcos, organizados en tribus o clanes y dedicados al pastoreo. La estructura de vías, servicios y mercados estaba en decadencia. Pequeños núcleos de organización política (reinos o sultanatos) se asentaban en comarcas que tendían a ser unidades muy aisladas. Algunos poderes con centro y jerarquía propios habían desarrollado una verdadera fuerza, muy ajena, sino francamente hostil al imperio de Constantinopla. Entre ellos destacaba el llamado Sultanado de Ikonium (Konya), en Frigia, (Eskişehir), que ejercía cierta presión y amenaza sobre el área mediterránea y oriental del menguado Bizancio.

Consideraciones Estratégicas:

Hacia la década de 1170, los principales rivales del imperio bizantino, (lo que en argot militar se denominan “enemigos naturales”), eran:

1.-hacia occidente, el imperio alemán de Federico I; con el que chocaban intereses económicos y disputas geográficas sobre las provincias europeas.

2.-hacia oriente, el sultanado de Ikonium liderado por Kılıç Arslan II; refugio de hordas saqueadoras y con evidente ansia de desarrollo y conquista a costa de Bizancio.

colaboración y alianza tácita se había establecido entre esos dos elementos, que hacía mella en Constantinopla y bloqueaba en gran medida su capacidad de reacción en uno y otro caso. El emperador Manuel I Comneno decidió romper uno de los brazos de ese eterno “cascanueces” que acechaba al imperio. Escogió el sultanado de Ikonium, tal vez, porque la situación parecía propicia. El nuevo emir de Alepo (Saladino) parecía tener más interés en debilitar a los turcos que su predecesor y podría ser un aliado (”el enemigo de mi enemigo…”.) Los “germanos” no parecían tener por entonces capacidad real de iniciar alguna acción hostil en la frontera occidental. Se podía reunir un ejército apropiado para la acción, que debería incluir necesariamente un objetivo imprescindible: Tomar y destruir la ciudad-capital de Ikonium.

A veces se especula con la posibilidad de que Manuel Comneno pretendiera llevar a cabo una “recuperación” de la llanura de Anatolia para el imperio. Es difícil de aceptar y creer. Debía saber que para semejante labor no sería suficiente derrotar al sultanado; el cambio social descrito ya era demasiado importante como para “revisarlo” de un golpe. Su verdadero interés era destruir, para siempre, la amenaza de Ikonium. Después… ya se vería. En cualquier caso, tal hubiera sido una tarea de generaciones… manteniendo muy buena inteligencia y saber hacer en el círculo de gobierno bizantino…, algo en verdad difícil por entonces cuando la aristocracia y la “monotonía de genes” parecían imponerse…

Es seguro que Kılıç Arslan II, bien informado, intentó por todos los medios evitar el enfrentamiento y encontrar un compromiso. Manuel I Comneno (el emperador “caballero”, así llamado entre los suyos por los modos y gustos “occidentales” que ostentaba) no aceptó ninguna componenda y, seguro de sus posibilidades, optó por la guerra.

Teatro de Operaciones:

Ikonium (Konya) se sitúa en una región llana hacia el sudoeste de Anatolia, cerrada por una importante cordillera hacia el Norte, Sur y Oeste. El camino más directo para llegar a la ciudad desde territorio bizantino era entonces el marcado por un difícil paso entre montañas (el temible Tzyvritzé) ante el cual permanecían las ruinas de un viejo castillo (Myriokephalon- miríada de cabezas-alturas ahora llamada Aşar Kalesi.) Tiene unos 25 Km. de longitud y se inicia por un estrecho desfiladero al que siguen secciones muy sinuosas, irregulares, boscosas; mas o menos anchas-estrechas, a veces limitadas por vertiginosos precipicios antes de llegar a un espacio central amplio ‹una llanura elevada‹ de casi 6 Km. de anchura. Después, una segunda sección estrecha similar a la primera descrita continúa antes de terminar definitivamente el paso y abrirse a la región periférica de Ikoniom, que apenas se situaba ya a unos 50 Km. desde allí.

Día 17 de Septiembre de 1176.

Desarrollo Táctico:

1.- Manuel decidió dirigir su ejército hacia MyrioKephalon. Había, al menos, otra alternativa -retroceder y flanquear a través de la ruta que pasaba por la ciudad de Philomelion, (moderna Akşehir)- pero eligió ésta, tal vez, porque conocía el terreno y le impelía un deseo de rápida victoria.

El ejército turco parecía esperar al bizantino en la entrada del paso, lo cual era, en teoría la opción más juiciosa, dada su teórica inferioridad. Muy de madrugada los dos ejércitos establecieron contacto visual. La vanguardia bizantina (sobre todo infantería) arremetió casi inesperadamente contra los turcos que aparentaban haber sido sorprendidos y emprendieron lo que parecía una alocada huída a través del paso. ¿Era una oportunidad de acabar todo pronto?

El ejército bizantino siguió a su vanguardia sin tomar más precauciones. Penetraron en tromba por el paso siguiendo un orden clásico “romano”. En segundo escalón marchaban las compañías de Tágmata, detrás el “ala derecha”, caballería bajo el mando de Balduino de Jerusalén ‹muchos tal vez mercenarios‹ seguido por el “tren de logística y de asedio” ‹carros pesados, cargados a tope y grandes animales de tiro incluidos‹. Después al “ala izquierda”, la guardia del emperador y por último la “retaguardia”, con tropas escogidas dirigidas por el comandante más capaz, Andrónico Kontostephanos. Un estudio riguroso de fuentes y, sobre todo, el análisis del terreno permite afirmar que las tropas bizantinas, en total no superaban los 25.000 hombres. De los turcos es casi imposibles dar cifras, siquiera aproximadas.

Pronto las secciones perdieron contacto y el ejército estuvo estirado al máximo, sobre todo el “ala derecha” que intentaba no perder de vista a los que marchaban por delante ni tampoco el tren de logística que cada vez hacía más lento su camino en aquel espacio tan difícil.

2.- Parece evidente que importantes destacamentos turcos habían podido ocultarse entre árboles y barrancos o medias alturas, en los sectores más propicios de aquel primer tramo del paso.

En un momento dado cayeron como una marea furiosa sobre la desparramada “ala derecha” y el tren de logística. La carnicería fue grande. Balduino mismo resultó muerto, los carros incendiados y animales yacentes bloquearon el camino. Al parecer una inesperada tormenta de arena que se desencadenó complicó aún más el panorama para los bizantinos que no eran capaces de entender bien qué es lo que estaba ocurriendo.

Afirman que el emperador Manuel perdió la compostura y no fue capaz, durante algún tiempo, de tomar medida alguna. Sus mejores oficiales al final consiguieron que reaccionara, se organizaron compañías que en cerrada formación defensiva se fueron abriendo paso, limpiaron de enemigos el recorrido, empujaron fuera los bagajes y carros y permitieron que todas las tropas, al caer la tarde llegaran al espacio abierto “medianero” en el paso. Allí la vanguardia y los Tágmata les esperaban, en una posición fortificada en un tiempo record, porque intuían que atrás habían ocurrido problemas serios.

Durante toda la noche los bizantinos hubieron de repeler ataques feroces de jinetes turcos cuyos alaridos retumbaban entre las “mil” rocas o picos del paso.

3.- Al día siguiente, Manuel y sus oficiales pudieron valorar la situación. El ejército combatiente no había sufrido pérdidas decisivas, seguía siendo muy superior al turco; pero habían desaparecido los elementos de logística (no quedaba forraje, alimentos ni agua) y, sobre todo, los artefactos y materiales imprescindibles para el asedio a Ikonium cuya construcción no podía improvisarse.

Procedía, ahora sí, llegar a un acuerdo con Kılıç Arslan. Se aceptó mantener el Statu Quo y el ejército bizantino pudo regresar a su país sin mayores contratiempos. (”La retirada al día siguiente le permitió ver a Manuel, a cada paso, el sangriento recuerdo de la batalla, máquinas de guerra volcadas, caballos con el vientre abierto, cadáveres por millares”, Diehl, Pág.76)

Consecuencias:

Myriokephalon significó un enorme fracaso táctico y la pérdida de una buena oportunidad estratégica, tal vez, la última que se le dio al Imperio Bizantino. No volvió a intentarse, nunca más, otra campaña como aquella (condiciones, medios y objetivos.)

En occidente, Federico I pudo ufanarse y humillar ‹al menos “literariamente”‹ al emperador Manuel, según una carta que se conserva: “exigía a Manuel que, como rey griego, le tributase la sumisión debida” Mayor insulto para un genuino emperador romano no cabía. Es muy probable que el acontecimiento alterara, y mucho, la psique del “caballero”, (”dicen que a partir de ese día, no se le vio nunca más reír”). Manuel Comneno murió el 24 de Septiembre de 1180. Kılıç Arslan II le sobrevivió, hasta 1193.’

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