¡ Mamma Li Turchi ! Ahí Vienen Los Turcos

Por Sebastián Alvarez Murena
Mamma Li Turchi!, advierte un conocido dicho popular Italiano, que evoca el atávico temor al Invasor Otomano. Las relaciones entre Italianos y Turcos no han sido de las más idílicas, como lo prueba la cantidad de “torres sarracenas” que, de norte a sur, se perfilan en las costas italianas.
Estas torres, construidas relativamente cerca unas de las otras para poder comunicarse fácilmente, estaban destinadas a señalar la aparición de barcos piratas sarracenos en las costas. Si se quisiera objetar que con la palabra “sarraceno” no se designaba sólo a los turcos, sino igualmente a los demás musulmanes del Mediterráneo, bastará con recordar que el Imperio Otomano conquistó todo el norte de Africa, con la sola excepción de Marruecos y con trasladarse con la imaginación a Otranto, ciudad situada casi en la punta del taco de la bota de Italia, justo frente a Albania. Allí, evidentemente, el sistema de alerta de las torres no existía o no funcionaba bien, pues la catedral conserva, tras altas persianas de madera, los cráneos de los ochocientos “mártires de Otranto”.
Allá por 1480, tras la caída de Constantinopla y la conquista de Grecia y Albania, Mahomet II dirigió sus ambiciones imperiales a la península itálica, con la idea de expandir su dominio sobre las ruinas del caído imperio de Bizancio. Para eso envió una poderosa flotilla de 153 barcos, con 18.000 hombres bajo el mando del pachá Guedik Ajmet, que desembarcó en las costas italianas y asedió a Otranto, en ese entonces parte del reino aragonés. Tras conquistar la ciudad, el pragmático pachá les ofreció una alternativa a los sobrevivientes: convertirse al islam, o perder la vida. Ochocientos otrantinos se rehusaron a renegar de su fe y fueron decapitados.
Pero son tiempos pasados, se dirá. Turquía, tras la laicización de Mustafá Kemal Ataturk, es un país diferente. Los turcos ya no son los temibles infieles que en el pasado amenazaban al mundo cristiano, ni tampoco son como el lúbrico y cruel bey del que nos habla Lawrence en sus recuerdos de Deera. Al contrario, Turquía es hoy una pujante economía, forma parte de la OTAN y sus eventuales ambiciones expansionistas ya no miran a Occidente. ¿Verdad? Bueno casi, pues en realidad Turquía mira una vez más al oeste, y a partir de ahora cabe la posibilidad de que ingrese en la Unión Europea.
¿Turquía en Europa? La idea parece ser una contradicción. Hasta ahora, la ubicación geográfica de Turquía, a caballo entre Asia y Europa, tenía valor de paradoja que parecía subrayar lo irónico de que un país tan oriental estuviera, aunque parcialmente, situado en Occidente. Pero ese cinco por ciento de presencia “de este lado” basta para volverlo un posible candidato a la integración en la gran familia europea.
En cuanto a los turcos, hasta ahora no se han oído demasiadas voces de júbilo. Más bien lo contrario. No es que los europeos tengan nada contra los turcos –¡por el amor del cielo!–, pero claro está que un país cuyas temibles leyes, cárceles, y tradiciones de trato con las minorías étnicas no son de las más deseables poco parece tener en común con los valores de la flamante constitución europea. Para los europeos, el encanto de Turquía era precisamente este contraste entre un país tan exótico, de cultura tan diferente, y el hecho de que esté justo al lado de casa. Turquía es un país verdaderamente fascinante, bellísimo, que hace que la cabeza dé vueltas por su acumulación de historia y cultura. En general, los turcos son encantadores: hospitalarios, inteligentes y generosos. Pero el encanto que desde siempre provocan en los europeos también tiene algo que ver con esa respetuosa fascinación con que se admira un león desde cierta distancia, con la tranquilidad de no tenerlo en el propio jardín.
En su corta historia, la Unión Europea ha pasado ya por varias candidaturas que parecían dudosas. La integración de Grecia causó muchas dudas. Algunas se revelaron tristes certidumbres: se confirmó que hizo trampas con sus cuentas para acceder a la moneda común europea.
Hasta ahora, los potenciales nuevos miembros de la UE inspiraban esa ligera reserva que tienen los ricos para con los parientes pobres. En el caso de la última camada de miembros, se trataba de países que habían estado bajo la influencia del ex imperio soviético, pero al tratarse de pueblos similares, la integración no parecía imposible.
En el caso de Turquía, las cosas son muy diferentes. Para el hombre de la calle europeo, la eventual aceptación de la candidatura turca es difícil de comprender: piensa que en una unión que tiene cada vez más inmigración ilegal no hay por qué darles ingreso oficial a 80 millones de personas que no pertenecen a la misma cultura y que no pueden incluirse en esas “comunes raíces cristianas” que la Iglesia tanto trató de hacer mencionar entre los valores fundamentales de la UE. Es más: la eventual admisión parecería estar en abierta contradicción con el espíritu de las declaraciones de Carlo Azeglio Ciampi, presidente de la República Italiana. El afirmó que, en el caso de las naturalizaciones italianas, éstas deberán ser dadas sólo a “individuos que conozcan la lengua y la Constitución”.
Tal vez los que menos inquietos están son los alemanes, que sobre alianzas con Turquía ya tienen amplia experiencia. Al contrario, tal vez a quienes menos les divierta la idea sea a los ingleses, que durante buena parte de los dos últimos siglos combatieron la influencia del imperio otomano en Medio Oriente.
Pero debemos creer que, si los gobiernos representan la voluntad de los ciudadanos, el comienzo de las negociaciones para la entrada de Turquía realmente representa la voluntad de los europeos. O tal vez se trate de uno de esos casos en los que los dirigentes deciden tomar decisiones impopulares con la esperanza de eventuales ventajas futuras.
Para intentar comprender mejor el porqué de esta posible integración, que desde ya se anuncia solamente para dentro de quince o veinte años, hay que tomar en consideración factores que van más allá de las simpatías de los ciudadanos. Por lo pronto, Turquía ya forma parte de la OTAN, así que ha probado que puede integrarse en una alianza occidental. Luego, podría considerarse que, justamente por su posición estratégica, más vale que Turquía esté dentro de la Unión Europea antes de que busque otras alianzas. También se debe considerar la ventaja de aumentar la “masa crítica” de la UE: cuantos más países tenga, más podrá convertirse en alternativa frente a los Estados Unidos y a China.
Ante esto, los problemas que derivarían de la integración de Turquía pasan a segundo plano. Desde los más chicos –como el hecho de que, eventualmente, la UE tendría fronteras directas con países como Irak– hasta los más grandes, como la cuestión de que es difícil pensar que setenta años de modernidad turca sean suficientes para cambiar siglos de islamismo.
Las uniones de países de etnia y religión radicalmente diferentes no suelen dar buenos resultados. Para quien no lo recuerde, tenemos un ejemplo muy reciente en los Balcanes, donde, a raíz de la caída de la Unión Soviética, afloraron de forma violenta las reprimidas identidades étnicas y religiosas.
En qué desembocaron esas diferencias es historia demasiado reciente para necesitar ser recordada. Pero tampoco esto importa demasiado, si se tiende a verlo todo en claves de estrategia política mundial.
Lo que está pasando sólo fruto de la voluntad de consolidación de la Unión Europea: estamos asistiendo a la disposición de las piezas de un gran juego de ajedrez, del cual aún no conocemos todas las reglas. Las posibles consecuencias son preocupantes. Es posible que, como en el mito clásico, Europa viva feliz para siempre con el toro blanco de cuernos en forma de medialuna en el que se convirtió Zeus para seducirla. Pero quién sabe, también es posible que el grito de “¡Madre, los turcos!” vuelva a oírse antes de lo que se piensa o espera. Y, por el bien de los europeos, es de esperar que esta vez se lo escuche fuera de las nuevas fronteras de la UE, expandida más allá del exótico Bósforo.
LA NACION © Copyright 2004
SA LA NACION | Todos Los Derechos Reservados













Comentarios
Cuéntanos Lo Que Estás Pensando...
Si Quieres Una Imagen Para Mostrar Con Su Comentario, Ve a Buscar Un Gravatar!